Por Kaori Takami
En 2026, los “Samuráis Azules” volverán a vibrar en tierras mexicanas.
El “Yatagarasu” que los jugadores de la selección japonesa portan con orgullo en su pecho tiene su origen en Kumano, provincia de Wakayama, cuna de Kakunosuke Nakamura, considerado el padre del fútbol en Japón.

En 1931, la Asociación Japonesa de Fútbol adoptó este símbolo de Kumano como su emblema oficial, en un gesto de profundo respeto hacia Nakamura, quien fundó el primer club de fútbol de la historia del país en la Escuela Normal Superior de Tokio durante la era Meiji.
El Yatagarasu es un cuervo de tres patas que, en la mitología japonesa, es venerado como el “Dios de la Guía”. Se cuenta que cuando el primer emperador de Japón, el Emperador Jinmu, se perdió en las escarpadas montañas de Kumano, este cuervo descendió del cielo para guiar su camino hacia la victoria.

Sus tres patas representan el “Cielo, la Tierra y el Hombre”, simbolizando la armonía entre lo divino, la naturaleza y nosotros como comunidad. Además, su forma única de tres patas también encierra el deseo futbolístico de “atrapar el balón con firmeza y nunca soltarlo”.
Considerado también como la encarnación del Sol, el Yatagarasu nos enseña a no perder nunca la esperanza, incluso en las situaciones más difíciles, guiándonos siempre hacia el resplandor de la meta. Junto con el apoyo y la calidez del pueblo mexicano, este cuervo sagrado conducirá a los Samuráis Azules por la senda del triunfo.
¡Vamos, Japón!
