Por Mtro. César C. Flores Amezcua
Jefe Académico de la Maestría en Gestión Deportiva de la Universidad La Salle Bajío
DE LA ILUSIÓN DE LA INFACIA A LA RESPONSABILIDAD SOCIAL
He vivido los Mundiales desde México 1970; en aquel entonces, con apenas nueve años, mi mayor sueño era jugar profesionalmente; o ver de cerca a figuras legendarias. Esa ilusión de ver a México como “Campeón Mundial” es un tesoro que nadie le puede arrebatar a las infancias.

EL FENÓMENO GLOBAL Y LA IDENTIDAD NACIONAL
El Mundial es un fenómeno que trasciende lo deportivo para impactar en lo económico y lo político. Un gol de la Selección Mexicana tiene el poder de paralizar al país; es un momento de fraternidad que trasciende al resultado del marcador.
Este encuentro deportivo debe ser un verdadero agente de cambio social en los siguientes aspectos:

- Prevención de la Violencia: Como generador de entornos seguros, promoviendo charlas o encuentros entre los jugadores de los países visitantes que puedan impactar en las y los jóvenes para alejarles de conductas de riesgo y fortalecer la paz social.
- Salud Pública: El Mundial puede promover la corresponsabilidad de asumir el compromiso de la propia salud y de fomentar estilos de vida activos.
- Inclusión Universal: Robustecer los programas de deporte adaptado y equidad de género.
- Gestión Ambiental: Es importante gestionar las sedes para reducir la huella de carbono y minimizar el desperdicio de recursos. El respeto a la “Casa Común” es parte de nuestra ética.
- Economía Circular y Local: Fomentar que el derrame económico beneficie a los comercios locales y a las comunidades; para crear un ciclo de prosperidad compartida.
- Concepto de “Valor Compartido”: Si la industria del fútbol crece, el entorno social debe crecer con ella. Esto se traduce en mejores espacios públicos, becas deportivas y una identidad comunitaria fortalecida.
El Mundial 2026 es nuestra gran oportunidad para demostrar que, cuando el deporte tiene un propósito social, el mundo entero sale ganando.
