Por Valeria Barajas
Al conmemorar 200 años como ciudad, el Municipio Patrimonio de la Humanidad, recibe el reconocimiento como Mejor Región Vitivinícola de México por los Food and travel Reader Awards.
El reconocimiento no solo premia los viñedos; también el ecosistema que se ha construido alrededor de ellos.
Desde su primera gestión, el alcalde Mauricio Trejo lideró esta política pública de transformar la vocación histórica y cultural de San Miguel de Allende en un desarrollo económico de alto valor.
Mauricio Trejo convocó a empresarios locales y al Tecnológico de Monterrey para identificar sectores detonadores de desarrollo económico. De ese análisis surgieron tres rutas: bodas destino, turismo médico y turismo de uva y vino. Esta última marcaría un punto de inflexión en la historia reciente del municipio.

Actualmente, San Miguel de Allende cuenta con cerca de 14 viñedos activos, varios de ellos con etiquetas reconocidas en competencias nacionales e internacionales.
Cada viñedo genera alrededor de 150 empleos directos, además de una amplia cadena de valor que beneficia a la gastronomía, hotelería, transporte, comercio local, servicios turísticos, organización de eventos y comunidades rurales.
El vino dejó de ser únicamente un producto agrícola para convertirse en una experiencia integral. Hoy, visitar un viñedo en San Miguel significa recorrer paisajes, conocer procesos de producción, degustar gastronomía local, celebrar bodas o eventos privados, hospedarse en espacios de alta calidad y vivir una experiencia conectada con la historia y el territorio.
“Muchos nos tacharon de locos, pero las locuras muchas veces rinden frutos”, ha recordado Mauricio Trejo, al recibir el reconocimiento a la mejor región Vitivinícola de México.
FORMACIÓN, PROFESIONALIZACIÓN Y CADENA DE VALOR

La apuesta por la vitivinicultura también incluyó una visión educativa y productiva. El impulso a la carrera de Técnico Superior Universitario en Agricultura Sustentable, área Vitivinicultura, en la Universidad Tecnológica de San Miguel de Allende, permitió vincular a jóvenes y familias sanmiguelenses con una industria en crecimiento.
Se consolida también la Ruta del Vino que ha fortalecido la conexión entre productores, visitantes, restaurantes, hoteles, wedding planners, guías turísticos, transportistas y prestadores de servicios. La ruta no solo promueve viñedos; ordena una experiencia y multiplica beneficios económicos.
De esta manera, el impacto de la industria vitivinícola no se queda en el campo. Llega a comunidades rurales, familias trabajadoras, emprendedores, cocineros, artesanos y empresarios que hoy forman parte de una cadena productiva más amplia.