Por Valeria Barajas
La princesa imperial Hisako de Takamado, viajó a México para apoyar a la selección de Japón durante su participación en el Mundial. Estuvo en el partido número 1000 en la historia de Copas del Mundo, donde jugaron Japón VS Túnez.
Aunque la monarquía japonesa ya no ejerce funciones políticas, sigue siendo la más antigua del mundo con una línea sucesoria ininterrumpida de más de 2 mil 600 años; representando al país, la princesa Hisako, una de las integrantes más activas de la Familia Imperial, mantiene una estrecha relación con el fútbol.
El príncipe Norihito de Takamado, su esposo, impulsó el desarrollo de este deporte en Japón y fue presi dente honorario de la Asociación Japonesa de Futbol (JFA), tras su fallecimiento en 2002, la princesa continuó ese legado y ha representado a Japón en diversas Copas del Mundo, fortaleciendo el vínculo entre el deporte y la diplomacia cultural japonesa.
Su visita a México comenzó 3 días antes del partido milenario. Durante su estancia en Monterrey, sostuvo actividades oficiales con autoridades gubernamentales y re corrió el Museo La Milarca, inauguró el Jardín Japonés en el Parque del Agua, visitó el Mirador del Obispado, para finalmente asistir al partido número mil de la FIFA en compañía de Gianni Infantino, presidente de la FIFA.

El partido Japón-Túnez tenía un significado especial, antes del silbatazo inicial la FIFA confirmó que sería el encuentro número 1,000 en la historia de las Copas del Mundo, un torneo que comenzó en Uruguay en 1930 y que, 96 años después, alcanzó este histórico registro precisamente en Monterrey.
Para conmemorar el momento, la FIFA preparó una ceremonia especial donde el presidente del organismo, Gianni Infantino, y la princesa Hisako firmaron una placa conmemorativa del partido, mientras que los jugadores y el cuerpo arbitral portaron un distintivo dorado exclusivo con la leyenda “Match 1000”, creado únicamente para esta ocasión. El encuentro reunió a más de 50 mil aficionados en un estadio lleno.
Para Japón, el futbol también forma parte de su imagen internacional, pues la Familia Imperial suele participar únicamente en acontecimientos considerados de gran importancia para el país, por lo que su asistencia reflejó el valor simbólico que tuvo este partido tanto para la selección japonesa como para la historia de la Copa del Mundo.